Fecha: enero 13, 2026
Autor: aliciatp95@gmail.com
Categorías: Terapia de pareja Etiquetas: ansiedad / celos / depresión / estrés / malestar psicológico / mejor psicóloga malaga / psicóloga / psicología / psicólogo / psicologo malaga / psicólogos en malaga / terapia de pareja / terapiaonline / terapiapsicológica
(por qué los celos y las mentiras no aparecen “porque sí”)

En consulta lo explico a menudo, tanto cuando trabajamos celos como cuando ha habido infidelidades o rupturas de confianza. Muchas parejas llegan con la sensación de estar atrapadas en una dinámica que se repite una y otra vez, generando mucho malestar en ambas partes… pero sin saber muy bien cómo han llegado hasta ahí.
Una de las formas más claras de entenderlo es a través de lo que llamamos el círculo de la desconfianza y el control.
La dinámica suele funcionar así:
Desconfianza → Control → Agobio → Mentira o Distancia → (vuelve la desconfianza)

No aparece de golpe ni porque una persona “sea tóxica” y la otra “víctima”. Es un proceso progresivo, en el que ambas partes suelen acabar sufriendo, aunque de formas diferentes.
Imagina que no te fías de tu pareja. Esa desconfianza genera mucha ansiedad, así que buscas aliviarla a través del control:
pides las contraseñas de sus redes sociales, preguntas con frecuencia dónde está, necesitas que te avise cuando sale del trabajo para quedarte tranquilx.
Al principio parece que funciona. Te sientes algo más segurx.
Pero para la otra persona, ese control empieza a vivirse como agobio, sensación de vigilancia constante o miedo a provocar un conflicto.
Un día, sus compañerxs le proponen tomar algo después del trabajo. En lugar de contártelo, decide decir que se ha entretenido con una tarea importante. No porque quiera hacer daño, sino para evitar una discusión.
Otras veces, en lugar de mentir, puede optar por callarse: empieza a no compartir ciertas cosas, a distanciarse emocionalmente, a filtrar lo que cuenta porque “mejor no decir nada”.
Tanto la mentira como el distanciamiento refuerzan la idea inicial:
“Ves, tenía motivos para desconfiar”.
Y así, el círculo se cierra… y vuelve a empezar, normalmente con más control, más ansiedad y más distancia que la vez anterior.
Con el tiempo, este patrón erosiona la intimidad, la comunicación y la sensación de equipo.
Identificar este círculo no sirve para señalar quién lo hace peor, sino para entender qué está pasando y desde dónde actúa cada uno.
Cuando una pareja consigue ver esta dinámica con claridad, suele aparecer una pregunta importante:
“¿Y ahora qué hacemos con esto?”
Romper este círculo no es inmediato. Requiere responsabilidad emocional, comunicación más honesta y, en muchos casos, un espacio terapéutico donde poder explorar el miedo que hay debajo del control y la distancia.
Porque cuando entendemos el patrón, deja de ser “tú contra mí”…
y empieza a ser los dos contra el problema.
Si crees que ya habéis intentado todas las soluciones y qué nada ha cambiado, es momento de pedir ayuda profesional.