Duelo por la pérdida de una mascota: las 4 tareas que te ayudan a atravesarlo

Fecha: julio 1, 2026

Autor: aliciatp95@gmail.com

Categorías: Duelo Etiquetas: / / / / / /

duelo mascotas

Una mirada desde el modelo de Worden y la Terapia de Aceptación y Compromiso

Si has perdido a tu mascota recientemente, es posible que alguien te haya dicho alguna versión de «total, era solo un animal». Y, sin embargo, ahí sigues: buscando su silueta al entrar por la puerta, guardando su correa sin saber muy bien por qué, notando que la casa suena distinto.

Ese dolor es real, y tiene nombre en psicología: duelo desautorizado (disenfranchised grief), un concepto que el psicólogo Kenneth Doka acuñó en 1989 para describir aquellos duelos que la sociedad no termina de reconocer ni validar del todo. No existen días de baja laboral por la muerte de un perro. No siempre hay un ritual de despedida. Y aun así, el vínculo era real, y la pérdida, también.

En este artículo no vamos a hablar de «fases» del duelo, sino de tareas: un enfoque que devuelve el protagonismo a la persona que atraviesa la pérdida en lugar de situarla como receptora pasiva de un proceso predefinido. Veremos el modelo de las tareas del duelo de William Worden y cómo la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) ofrece herramientas concretas para acompañar cada una de ellas.

Por qué hablar de «tareas» y no de «fases»

El modelo de fases más popular es el de Elisabeth Kübler-Ross (negación, ira, negociación, depresión, aceptación), publicado en 1969. Conviene recordar un dato que suele pasarse por alto: Kübler-Ross no diseñó este modelo para el duelo, sino para describir cómo las personas con una enfermedad terminal afrontaban su propia muerte. Su extensión al duelo por la pérdida de otro ser —persona o animal— fue posterior, y gran parte de la investigación actual sugiere que no siempre se ajusta a la experiencia real de quien pierde a alguien.

Las investigaciones del psicólogo George Bonanno sobre trayectorias de duelo, por ejemplo, muestran que la mayoría de las personas no atraviesan una secuencia fija de fases, sino trayectorias muy variadas: algunas marcadas por una resiliencia notable desde el principio, otras por un dolor intenso y prolongado, y muchas por altibajos que no siguen ningún orden predecible. Aunque esta investigación se centra sobre todo en el duelo por personas, sus conclusiones sobre la naturaleza no lineal del proceso son perfectamente extrapolables al duelo por un animal de compañía.

Aquí es donde el modelo de William Worden aporta una alternativa útil. En lugar de fases que «se atraviesan», Worden describe tareas que se «trabajan». La diferencia no es solo semántica: una fase es algo que te ocurre; una tarea es algo que haces. Ese matiz devuelve a la persona en duelo un papel activo, con margen de acción, en lugar de la sensación de estar a merced de un proceso automático.

Las cuatro tareas del duelo aplicadas a la pérdida de una mascota

Tarea 1: Aceptar la realidad de la pérdida

La aceptación tiene dos niveles: uno intelectual (saber que ha ocurrido) y otro emocional (sentir que es verdad). En el duelo por una mascota, este segundo nivel puede tardar más en llegar, precisamente porque muchas veces falta un ritual social que marque el cierre: no hay esquela, no siempre hay entierro, y en ocasiones ni siquiera se comunica la pérdida a los demás por miedo a que la minimicen.

Ponerle palabras a lo ocurrido —contarlo en voz alta, decírselo a alguien, o incluso despedirse de alguna manera simbólica— ayuda a que la mente termine de integrar lo que el cuerpo ya sabe.

Tarea 2: Elaborar el dolor

Esta tarea consiste en darle espacio a la emoción, no en gestionarla desde la cabeza. Aquí aparecen matices propios del duelo animal que merece la pena nombrar directamente:

Ninguna de estas emociones es incorrecta. Trabajar esta tarea significa permitirse sentirlas sin editarlas, en lugar de reprimirlas porque «no debería dolerme tanto».

Tarea 3: Adaptarse a un mundo sin la mascota

Worden distingue tres tipos de ajuste, y los tres se activan tras la pérdida de un animal:

Reconocer estos tres planos ayuda a entender por qué el duelo por una mascota puede sacudir mucho más de lo esperado: no se trata solo de extrañar al animal, sino de reorganizar buena parte de la rutina y la identidad construidas alrededor de él.

Tarea 4: Encontrar una manera de mantener la conexión mientras se avanza

En las ediciones más recientes de su obra, Worden reformuló esta última tarea. Ya no habla de «desvincularse» o «pasar página», sino de encontrar una conexión duradera con quien se ha perdido mientras se sigue construyendo vida. Este giro incorpora la teoría de los vínculos continuos (Klass, Silverman y Nickman, 1996), que cuestionó la idea clásica de que un duelo «sano» implica soltar por completo al ser querido.

Aplicado a una mascota, esto se traduce en preguntas muy concretas: ¿cómo sigo contando su historia? ¿cómo integro su recuerdo sin convertir la casa en un altar permanente? ¿puedo adoptar a otro animal sin que eso signifique traicionar su memoria? La respuesta, desde este enfoque, es que el vínculo no tiene que terminar para que empiece otro. Algunas formas de sostener esa conexión: retomar de vez en cuando una ruta de paseo que compartíais, escribirle una carta, hacer un álbum de fotos, o simplemente permitirte contar anécdotas suyas cuando surja el tema.

La mirada de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)

La ACT, desarrollada por Steven Hayes y su equipo, forma parte de las llamadas terapias de tercera generación. Su objetivo no es eliminar el dolor —algo que, con una pérdida real, ni siquiera sería deseable—, sino ayudar a construir una vida rica y con sentido junto a ese dolor, en lugar de en guerra contra él. Se organiza en torno a seis procesos que conforman la llamada flexibilidad psicológica. Así se aplicarían al duelo por una mascota:

Aceptación. Dejar de luchar contra la tristeza, la culpa o el vacío. Ejercicio breve: cuando notes el nudo en la garganta, en lugar de distraerte automáticamente, nómbralo («aquí está otra vez la tristeza») y permítete sentirlo dos minutos sin hacer nada distinto.

Defusión cognitiva. Tomar distancia de pensamientos como «nunca volveré a estar bien» o «fue culpa mía». Ejercicio breve: añade el prefijo «Estoy teniendo el pensamiento de que…» antes de la frase. El pensamiento sigue ahí, pero deja de ser una verdad absoluta y pasa a ser un evento mental que observas.

Contacto con el momento presente. El duelo tira constantemente hacia el pasado (los recuerdos) o hacia un futuro sin el animal. Volver a los sentidos —qué ves, qué oyes, qué sientes en el cuerpo ahora mismo— ancla en el presente.

El yo como contexto. Recordar que no eres tu duelo. Eres la persona que ha sentido alegría, tristeza, rabia y calma en distintos momentos, y que sigue siendo mucho más amplia que cualquier emoción concreta.

Valores. Preguntarte qué representaba ese vínculo: ¿compañía?, ¿rutina y disciplina?, ¿contacto con la naturaleza?, ¿sentirte responsable de cuidar de otro ser? Identificar el valor de fondo permite seguir honrándolo aunque el animal ya no esté.

Acción comprometida. Traducir esos valores en pasos concretos: si el paseo diario representaba conexión con la naturaleza, buscar otra forma de mantener ese hábito; si representaba cuidar de otro ser, quizá colaborar con una protectora.

Ejercicios prácticos para el día a día

  1. La carta de despedida o de gratitud: escribe a tu mascota lo que no llegaste a decirle, o simplemente lo que agradeces de haberla tenido.
  2. El diario de valores: anota qué necesidades emocionales cubría esa relación y una pequeña acción semanal que las siga alimentando.
  3. El ritual de conexión continua: elige un gesto simbólico (una foto, un objeto, una fecha) que te permita recordarla sin que se convierta en evitación del resto de tu vida.
  4. El registro con distancia: cuando aparezca un pensamiento doloroso o de culpa, escríbelo y reformúlalo con el prefijo de defusión mencionado antes.

Cuándo el duelo necesita apoyo profesional

La mayoría de los duelos, incluso los más intensos, se van integrando con tiempo y apoyo. Conviene consultar con un psicólogo o psicóloga si:

El duelo por una mascota no tiene por qué «superarse» en el sentido de dejarlo atrás por completo o tratar de olvidarle. Desde esta mirada, el objetivo es otro: integrar la pérdida, sostener el vínculo de una forma nueva, y seguir construyendo una vida con sentido. Aceptar el dolor, permitirse sentir las emociones difíciles y actuar de acuerdo a los valores que esa relación representaba es, quizá, la forma más honesta de honrar lo que se compartió.

Comparto enlace a un podcast hablando sobre el duelo, que quizás te ayude si recientemente has perdido a un ser (vivo) querido: https://open.spotify.com/episode/0yGw7vGMQ8Xi07V8nJsJ8E?si=a0JiJf2OTZ-ShTSm80hh8g

Soy Alicia Trujillo, psicóloga sanitaria, si necesitas ayuda para atravesar este dolor o sientes que no tienes por qué sentirlo en soledad puedes encontrarme en Instagram o pedir cita al Whatsapp: 744 79 27 28

Si te apetece leer un poco más sobre otros temas de salud mental, puedes ojear mi blog: Blog de psicología

aliciatrujillopsicologia.com
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