Fecha: enero 28, 2026
Autor: aliciatp95@gmail.com
Categorías: Ansiedad / Depresión / Uncategorized Etiquetas: ansiedad / depresión / estrés / malestar / malestar psicológico / procrastinación / procrastinar / psicología / tareas / terapiaonline / terapiapsicológica / vaga
A muchas personas les pasa lo mismo:
tienen claro lo que deberían hacer, saben que es importante, incluso tienen tiempo… y aun así lo posponen. A esto le llamamos procrastinación.
Los demás pueden verlo como falta de ganas o de organización.
Desde dentro suele sentirse como bloqueo, saturación o culpa.
En consulta lo veo a menudo: la procrastinación no suele ser pereza. Suele ser una señal de que algo se está haciendo cuesta arriba por dentro.
Nuestro cerebro tiende a evitar aquello que percibe como:
Cuando una tarea se vive como una montaña, la reacción automática es huir: mirar el móvil, ordenar cosas sin importancia, distraerse o dejarlo “para luego”.
Cuanto más evitamos, más culpa aparece.
Y cuanto más culpa, más bloqueo.
Ahí se crea el círculo.
No se trata de obligarte, sino de hacer la tarea más abordable. Estas son algunas herramientas que funcionan muy bien:
Empieza solo 5 minutos.
Tu cerebro odia empezar, no continuar.
Si después de esos 5 minutos no quieres seguir, paras. Sin culpa. Muchas veces, una vez arrancas, seguir es más fácil.
Convierte la tarea en algo tan simple que no puedas decir que no.
Ejemplo:
En lugar de “ordenar todo el armario”, empieza por guardar solo 3 prendas.
El objetivo no es terminar, es activar.
Reserva 15–20 minutos con el móvil lejos.
Sin interrupciones, ese tiempo rinde mucho más de lo que parece.
Pon un temporizador y empieza por cualquier parte.
Cada mañana elige una única tarea que te gustaría terminar ese día.
Las listas infinitas bloquean.
Las prioridades claras facilitan la acción.
Nuestro cerebro funciona por asociación.
Después de terminar, date algo pequeño y agradable:
un café, un paseo corto, un episodio breve, música.
Terminar ≠ castigo.
Terminar ≠ alivio momentáneo.
Terminar también puede ser placer.
Prepara el espacio y los materiales con antelación.
Cuanta menos fricción tenga empezar, menos energía necesitarás para no huir.
Antes de dormir, pregúntate:
No para exigirte, sino para darte dirección.
La falta de claridad alimenta la procrastinación.

Muchas personas viven la procrastinación como un fallo personal.
Pero en realidad, el problema suele estar en el tamaño del objetivo, no en la persona.
En terapia trabajamos mucho esta idea:
no se trata de subir la montaña de golpe, sino de crear pequeños escalones.
Cada escalón alcanzable genera:
No avanzar todo no es fracasar.
Quedarte paralizado sí duele más.
En terapia no solo se trabajan técnicas, sino también:
La procrastinación suele ser la punta del iceberg de algo más profundo que merece ser escuchado.
Si quieres trabajar esto con acompañamiento, en terapia podemos hacerlo con calma y sin juicio.
Y si no, empieza hoy por algo pequeño.
Muy pequeño. Ese ya es un buen comienzo.